Feliz cumpleaños, Imago Dei

Se cumple un año de haber iniciado este blog. Si bien la pandemia fue el gatillo que dio el arranque, era algo que ya venía planeando al menos seis meses antes. Me sentía muy cómodo con mi consulta clínica, ayudando a cambiar el mundo de a uno (como suelo decir). Sin embargo, pensé que podía favorecer a más personas si lograba que lo que tenía aprendido se pueda transmitir. La experiencia, más el sustento teórico que había venido adquiriendo a partir de aquel día en el que sentí el llamado (entonces inexplicable) a matricularme en la carrera de Psicología, podían servir a un público más amplio a través de los medios sociales.

Entonces fui investigando sobre cómo llevar mi trabajo profesional a dichos medios. Pero no me daba el tiempo para arrancar (o no me decidía). Cuando la Covid-19 nos obligó a recluirnos en nuestros hogares (hoy hace un año exacto), sospeché que no sería simplemente una cuarentena (es decir, cuarenta días), sino que era probable que tomara algo más. Las pandemias, lo había leído, solían erradicarse en un año, como mínimo. Y eso apenas se había declarado pandemia días antes. Así que, intuyendo que tendría más tiempo libre, me propuse iniciar aquello tan postergado. Debo confesar que también lo hice pensando en la posibilidad de publicitar mi trabajo y seguir atendiendo en línea (algo que ya había comenzado de a poquito un par de años antes). Y agradezco a Dios que, con esa ayuda y con otras, la cantidad de clientes bajó en esas primeras semanas, pero nunca hasta cero como sí ocurrió en octubre de 2019.

Cierto, el primer artículo que subí ya lo había sacado en mi blog personal por la coyuntura de las Protestas de Octubre, precisamente, y solo quité lo circunstancial. Cierto también, el siguiente que publiqué nació como parte de la iniciativa Lizarz, en la que nos embarcamos con mis dos queridos amigos Felipe y Roque, aunque no había sido lanzada todavía. Recién el tercero, Contra el aislamiento, C.A.O.S., fue el primero que escribí con este blog en mente, y vio la luz el 24 de marzo. Ya para esto puse a andar las redes sociales, como con pasos de bebé, con el fin de apuntalar esta bitácora psicológica. Poco a poco les voy dando autonomía de vuelo, aunque en esto tengo mucho que aprender todavía.

Pero no vine a contarles solo esta historia que flota en el Internet. En realidad quiero tratar de cómo esto, que comenzó siendo ese espacio autoconvocado con el fin hablar de psicología, se terminó convirtiendo en una herramienta de crecimiento personal. He de empezar diciendo que este año tan peculiar para la humanidad, ha sido de cambios para mí. Algunas pérdidas, es cierto, pero asimismo muchas ganancias, tanto en lo profesional como en lo privado. Bueno, algunas cosas privadas también las he compartido aquí (cambio de casa, perrita nueva -y ya son dos-, etc.). Creo que en mi práctica psicológica, aparte de que la he tenido que llevar casi completamente en línea (en proporción inversa a todos mis años anteriores), ha manifestado un enorme avance, y en gran parte se lo debo a este blog.

En esto, y no es por echarme flores ni darme autobombo, no se trata solo de las muestras de gratitud y reconocimiento que he recibido en esta nueva etapa, o de tener más clientes que los meses anteriores. Si bien siento una inmensa gratitud con el verdadero Sanador, que actúa a través de mí con toda esa gente tan necesitada en estos momentos difíciles, sé que aquello responde en gran parte a esta circunstancia complicada. De todas maneras, sí estoy convencido de que el aprendizaje alcanzado a través de la preparación de cada artículo me ha vuelto un mejor profesional. Siento que en un momento tan exigente, en el cual la gente se percibe más sola, más angustiada, menos fuerte y menos resistente, la Providencia me mandó muchos vehículos de aprendizaje que fui transmitiendo pero también incorporando a mi práctica terapéutica.

Debo reconocer que, y no soy el primero en decirlo, lo que uno aprende en la universidad se diluye entre las obligaciones de ir aprobando materias para graduarse, y más bien poco va quedando en la cabeza. Ojo, que no estoy restando la importancia que tiene la academia en la formación y la educación del profesional. Más bien, creo que lo que se adquiere en las aulas nos modela para cumplir la labor que responde a nuestra vocación. Y, alguien ya lo dijo también, nos da no tanto los conocimientos, sino el saber dónde buscarlos. De todas formas, esos conocimientos solo adquieren sentido en la práctica. Es como aprender a leer música: esas notas en sí mismas no dicen nada hasta que son interpretadas en un instrumento. Y eso es lo que venía haciendo cuando nos llegó la pandemia.

Es entonces que aquello que estaba aplicando, un poco como eco de lo recibido en la universidad, otro poco por mi autoformación en otras ramas de las ciencias humanas, y el resto por intuición, comienza a tomar una forma teórica. Las lecturas que realizaba para sustentar mis publicaciones estaban definiendo mi figura como psicólogo de una manera que ni en mis sueños más locos hubiera imaginado. De pronto, Maslow, Carl Rogers, Martin Seligman, Fromm o Frankl (entre muchos otros) me hablaban con una voz nueva. De pronto, todo encajaba, todo cobraba sentido. De pronto, mi técnica en consulta adquiría una seguridad inusitada. Ya nada volvería a ser igual.

Mi intención, al escribir esto, no es -lo repito- darme palmaditas en la espalda yo mismo. Más bien, lo que busco es celebrar este año de venir compartiendo cosas que fui aprendiendo o afianzando. Con inmensa gratitud, con Dios, autor último y primero de toda obra, y con cada una de esas personas con las que me fui encontrando y que (sin quererlo) fueron dando origen a temas para esta bitácora que, al irlos profundizando, se iban convirtiendo en fuente de herramientas terapéuticas para ellos mismos. Gratitud, pero también un llamado a otros profesionales a hacer lo mismo. ¡Llenemos cada vez más la Web de conocimiento para ayuda de todos! Y, en el camino, volvámonos mejores y más conscientes en nuestra labor diaria.

No sé hasta dónde me lleve esta aventura por los medios sociales, lo que sé es que no quiero parar.

¡Gracias a todos!

Foto gracias a Top Flavor (haga sus pedidos)

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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