Ya viene el Niñito

En el cristianismo, los días que anteceden a la Navidad se denomina tiempo de Adviento (del latín: adventus Redemptoris, ‘llegada del Redentor’). Es una época para preparar el corazón para la venida de Nuestro Señor. En la religión católica, la liturgia cambia para hacernos recordar esta espera, y las lecturas nos hablan de las profecías que anunciaban al Salvador. En Ecuador, Colombia y parte de Venezuela y Panamá se celebra la Novena del Niño Jesús, temporada en la cual la gente se reúne en casas de amigos y parientes para ir reflexionando sobre este nacimiento, aparte de compartir comida y canto. De uno de estos cantos (conocidos genéricamente como villancicos) viene el título de este artículo. Es un típico sanjuanito atribuido al compositor ecuatoriano Salvador Bustamante Celi, autor de varios de los más conocidos cantos navideños. Habla, por un lado, de lo duro del ambiente de esa llegada y, por otro, de los dones que muestran la alegría ante ella. Dos maneras de ver esta espera.

En una homilía navideña, san Juan Pablo II nos hacía meditar en que Jesús nace “para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza”. El Adviento está signado por la esperanza. Esta es una consecuencia lógica de la fe y ambas se alimentan del amor que es su raíz. Las virtudes teologales. Quien confía en alguien que ama sabe que no le va a fallar, aunque demore. Entonces espera. Esta esperanza, a su vez (lo dice Rollo May) influye en la manera de interpretar sus experiencias y valorarlas. Si espera y recibe algo que no espera, por bueno que sea, le dará menos valor.

Un ejemplo claro de esto último es la espera del Mesías por parte de los judíos. Hasta hoy siguen esperando, pues no consideraban que este fuera a tener las características de Jesús. Un ser tan misericordioso (hoy podríamos llamarlo “relajado” o “descomplicado”), pero a la vez tan duro para juzgar las hipocresías y dobleces de la gente. Mientras tanto, los que lo siguieron se dejaron sorprender por esta nueva cara que tenía ahora su fe. Aun así, tardaron en comprenderlo, y el primero en confesarlo es Pedro, poco tiempo antes de la Pasión, y por una inspiración divina, no tanto por haberlo razonado.

Nuestra esperanza se ve frecuentemente golpeada cuando lo que deseamos de alguien no cumple nuestras expectativas tal cual. Cuando queremos celeste y nos dan azul, lo rechazamos. Si esperamos que nuestra pareja nos diga “perdón, lo siento, soy un imbécil y no lo volveré a hacer” y lo que obtenemos es un “me preocupa que te hayas molestado por algo que no hice, o que no me di cuenta de hacer”. Esta persona quiere entender para sanar, pero a la otra quizás le parezca que es obvio y no necesita explicar nada. Esta incomprensión aumenta el dolor entre ambos. Posiblemente, lo que le pasó a Judas con Jesús.

Sin embargo, al amar uno aprende a confiar a pesar de ver pocas señales. Pues el amor nos muestra la verdad más allá de nuestros sesgos mentales. Como decía en un artículo anterior sobre el amor verdadero, este no es ciego sino todo lo contrario: ve más claro porque ama aun a pesar de los defectos y debilidades del otro y a pesar de los míos. Todo lo espera, como nos canta san Pablo. Conoce el corazón del que ama y entiende que esa voluntad de ser mejor lo mueve aunque sea con pasitos de bebé. Y sigue esperando. A veces, hasta la muerte.

En la otra cara de la moneda está quien no conoce, no ama, no confía y por lo tanto no espera. Y esto me recuerda a la oración de perdón enseñada a los pastorcitos en Fátima: por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman. Quien espera de Dios un Lamborghini o un matrimonio perfecto, es probable que no conozca el verdadero rostro del Padre y como actúa su Providencia. Entonces, le costará más creer. Y no podrá tener esperanza. Con más razón si no se trata el Todopoderoso, sino de un vulgar mortal. Si esperamos de otro que sea como nosotros… o que sea nosotros, es casi seguro que pensemos que no nos da lo que necesitamos y vayamos por la vida buscando quién sí.

Que este Adviento nos termine de preparar para recibir al Redentor en el pesebre de nuestra vida, enderezando nuestros caminos (en palabras de san Juan Bautista recordando al profeta). Pero también al otro. Recibirlo como es, no como esperamos que sea, y ayudándolo a ser siempre mejor, sosteniéndonos para crecer juntos. Para caminar juntos a la santidad, en esta vía tortuosa pero gratificante, difícil pero feliz. Que nos lleve a esta parada del 25 de diciembre con un corazón más limpio y más misericordioso, como es el Sagrado Corazón.

Sursum corda. Que podamos levantar nuestros corazones para disponerlos a ser cuna del Altísimo, ese que nos ama a todos a pesar de todo.

Photo by Anastasia Shuraeva on Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: