No puedo vivir sin ti

Esta vez hablamos de una de las ramificaciones del tema de la dependencia, del que habíamos tratado antes: el miedo a la ruptura. Y lo haremos con música (usted póngase la playlist en su celular). Porque seguro todos recordamos algunas de esas canciones que hablan de que una persona no quiere dejar a otra, a pesar de saber que esa relación le hace daño. De tan frecuentes, se escuchan como normales (en el sentido de que se ven saludables), y nadie se sorprende ante declaraciones del calibre de “Ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio / contigo porque me matas / sin ti porque me muero” que recitaba Antonio Machado y cantaba Emilio José. O la versión en inglés: With or without you, donde Bono parece temerle a la vulnerabilidad de declararse dependiente, mal.

Si lo entendemos desde las emociones, es comprensible sentir miedo de una ruptura. Esa palabra, miedo, tan hispana pues solo la usan el castellano, el gallego y el portugués (“medo“), a diferencia del pavor común a otras lenguas romances, tiene un origen interesante, aunque no del todo comprobado. El término parece venir de Metus, que era uno de los nombres que en Roma designaban al dios griego Deimos, el terror, junto con Fobos (de donde viene “fobia”), gemelos hijos de Ares, el dios de la guerra a quien acompañaban en sus batallas. El primero personificaba al miedo antes de la lucha, el segundo al pánico durante ella. Por esto lo traigo a colación, pues me parece muy simbólico que el miedo se relacione a la fobia: el miedo como protección frente a un evento que se avizora traumático, y la fobia como un resultado de un evento así.

Conforme a lo expuesto en cuanto a dependencia emocional, con conceptos como estilos de apego, autoestima y autoconcepto, vemos que en ocasiones llegamos a una codependencia en relaciones tóxicas. Sentimos que nos estamos haciendo daño, pero el miedo a vivir un hecho que nos deje una herida resulta más atemorizante aún. Y cuando escribo “nos”, quiere decir a ambos lados de la relación. Pongo una imagen fuerte: es como sentirse agarrado de una rama de espinos para no caer al vacío. El problema es que el vacío está solo en la mente; quizá al soltarse de esa rama la caída sea de apenas un centímetro. En 2010, un equipo de la Georgia Southern University, encabezado por Lawrence Locker, estudió este aspecto de las relaciones y encontraron interesantes conclusiones. Por ejemplo, el número de parejas que se tuvo antes de la relación actual puede ser un predictor de un mayor miedo. Claro, si he caído muchas veces a un precipicio es lógico que no quiera volver a hacerlo, aunque no tenga claro si esta vez voy a volver a caer. El fin de cada relación es a la larga un duelo, por esto mismo, y no es una etapa agradable, así que la evitamos. “En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida en su conjunto, duele”, dice Jorge Montoya Carrasquilla, especialista en duelo. Sin embargo, según el mismo estudio de Locker y sus compañeros, de un duelo normal luego de una ruptura puede seguir un gran crecimiento personal, si se cuenta con motivación al crecimiento y un buen apoyo social.

El futuro no es tan gris, entonces. ¿Cómo puedo detectar si estoy viviendo una relación con sus altibajos normales o si soy presa del llamado “FOBU” (fear of breaking up, miedo a terminar una relación)? Veamos algunas pautas, con sus respectivas rutas de escape:

1. Miedo a la incertidumbre.

Jesse & Joy cantan ¿Con quién se queda el perro?, que es como decir: ¿Qué va a pasar cuando deje la relación? ¿Voy a poder encontrar otra? ¿Me voy a morir solo?

Sin embargo, la incertidumbre es la realidad de la vida. Cuando aceptamos esto, podemos seguir adelante, aun sabiendo el dolor que causa la partida.

2. Miedo a salir de la zona de confort.

Como en Somebody that I used to know de Gotye, nos volvemos adictos a cierta clase de tristeza, evitando llegar al fin siempre. ¿Y si estando solo me siento peor? ¿Y si no encuentro otra persona pronto? ¿Voy a tener que pasar otra vez por la incomodidad de conocer a otras personas?

La zona de confort no es la mejor, simplemente es la que conocemos. El riesgo está en dejarla, aunque podamos sorprendernos con que la vida tiene una luz y un color que no veíamos.

3. Miedo al qué dirán.

La sociedad nos escribe el guion, y nos cuesta apartarnos de él. Torn (“desgarrado”), canción de Ednaswap que hizo famosa Natalie Imbruglia habla de esa vergüenza sentida luego de toparse con la realidad; aquella que negó el ideal impuesto que creyó ver en el otro. ¿Cómo me verán si estoy solo? ¿Y si no consigo formar pareja, casarme y tener hijos? ¿Considerarán inadecuado al que elija luego?

Debo pensar que no tengo un guion preestablecido, yo lo voy escribiendo según encuentro mi camino.

4. Miedo al fracaso.

En términos de relación amorosa, fracaso es lo mismo que rechazo. Muchas canciones tocan este sentimiento, pero me acuerdo de Always on my mind, al cual Elvis dio voz de forma hermosa. Y recuerdan estas preguntas: ¿Cómo me sentiré de fracasar en otra relación? ¿Hasta cuándo voy a fallar en la búsqueda de pareja? ¿Por qué nadie me puede querer?

Que una relación no funcione no me convierte en un fracasado, nadie me rechazó a mí sino que la relación no funcionó.

5. Miedo a sufrir.

Aquel doloroso lamento entonado por Badfinger, Air Supply y luego Mariah Carey, Without you, plantea preguntas como: ¿Tengo que vivir el dolor de la separación? ¿Puedo vivir sin esa persona con la que ya he pasado tanto tiempo? ¿No es mejor seguir junto a esta persona aunque no funcione?

Toda ruptura implica dolor, pero a la larga eso me hará menos daño que continuar en una relación que no me ayuda a crecer.

6. Miedo a ser reemplazado.

A la larga, un miedo al abandono, al rechazo. Juan Carlos Calderón junto con López de Arroyabe hablaba de esto en ¿Quién te cantará?, que Mocedades interpretó de forma maravillosa. Manifiesta las preguntas: ¿Si corto la relación la otra persona va a salir con alguien más? ¿Cómo me voy a sentir cuando me entere de eso? ¿Aunque yo ponga fin voy a pensar que mi pareja me dejó?

Si una relación llega a su fin porque no funcionó no importa qué pase con el otro, simplemente hay que avanzar.

7. Miedo a equivocarse.

Sting grita desesperadamente en Every breath you take que no se va a separar ni un minuto de su pareja, porque le pertenece, aunque el corazón duela. Se vuelve un acosador pues se hace estas preguntas: ¿Y si realmente esta persona es la adecuada? ¿En otras relaciones me podría ir peor? ¿Si terminamos y quiero seguir intentando pero la otra persona ya tiene pareja?

Toda decisión implica la posibilidad de equivocarse, si una relación no es saludable siempre será mejor terminar que luchar por algo que no tiene futuro.

8. Miedo a estar soltero.

O lo que es lo mismo, a la soledad. Esta idea siempre me trae a la mente las primeras líneas del I will survive que cantaba Gloria Gaynor: “Al principio tenía miedo, estaba petrificada, siempre pensaba que nunca podría vivir sin ti a mi lado”. ¿Cómo me voy a sentir cuando ya no tenga al otro? ¿Puedo sobrevivir solo? ¿Voy a morir soltero y sin familia?

No estar en una relación resulta mejor que hacerse daño en relaciones tóxicas, la soledad puede ser una oportunidad de prepararse para encontrar una pareja más saludable.

Aunque estas formas de miedo nos atormenten, por el lógico temor a las heridas y el duelo, nuestro verdadero ser siempre busca el bien y lo mejor para nosotros. Debemos escuchar ese llamado, porque es como quitarse una astilla: el proceso duele, pero es la única forma de sanar. Salgamos adelante a pesar de los temores, porque siempre hay un mañana mejor si trabajamos de manera consciente en él.

Salir de la cueva para ver el sol, es la única respuesta.

Foto por cottonbro en Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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