El miembro fantasma

El ser humano tiende a querer llenar sus vacíos con algo, porque ese vacío duele. Es como cuando una persona pierde una parte de su cuerpo y siente que ahí le sigue doliendo o produciendo alguna sensación desagradable. Pero, al igual que tratar de rascar o frotar ese miembro fantasma para calmar la picazón o el ardor, no podemos llenar el vacío en nuestra vida con nada. Esos vacíos son la muerte de un ser querido, alguna pérdida muy importante, los sueños no cumplidos, etc. Y con lo que se busca llenarlo es, normalmente, con placer efímero o riesgos innecesarios (o los dos a la vez). Esta es la historia del síndrome del miembro fantasma mental.

El síndrome del miembro fantasma es un fenómeno por el cual una persona a quien se le ha amputado un miembro percibe sensaciones como si aún estuviera ahí. Existía la explicación de que el cerebro seguía recibiendo los impulsos nerviosos del miembro perdido, hoy se piensa que el cerebro tiene áreas específicas para cada parte del cuerpo. Por tanto aunque el miembro ya no esté, esa área neuronal seguirá buscándolo. Es lo que señala Vilayanur S. “Rama” Ramachandran, neurólogo indio que habla de que estas sensaciones se toman “prestadas” de secciones vecinas a la del miembro amputado. De todas formas, no entendemos todavía las causas para que, entre el 50 y el 80% de los pacientes tengan estas sensaciones. Parece ser que esto disminuye cuando el cerebro logra reorganizar esta información sensorial.

En lo emocional, pasa algo similar. Sentimos que ya no tenemos cierta cosa o que nunca la tuvimos a pesar de lo importante que hubiera sido en nuestra vida. La ausencia de padre del hijo de una madre soltera, los padres del niño fallecido por “muerte de cuna”, el individuo que sufrió la pérdida de un amigo cercano en un accidente… Todos estos son casos de “miembros” amputados. Cada persona tiene su lugar en nuestra mente, pero sobre todo en nuestro corazón. Y ese lugar que no está ocupado marca nuestra vida para siempre.

Hay ocasiones en las que nuestro inconsciente tiene la idea de poder llenar ese vacío. Es como la ilusión inalcanzable de regresar a ese ser querido o ponerlo en el sitio donde siempre debió estar. Entonces, el hijo busca la figura paterna en relaciones de pareja autoritarias; los padres se apresuran a tener otro hijo para olvidar al fallecido; el amigo se hunde en las drogas y las situaciones peligrosas. ¿No se valoran, no valoran la vida? Es evidente que el valor ha cambiado de foco: ahora es simplemente el vacío que quieren llenar.

Detrás de cada conducta a todas luces dañina para uno mismo o los demás está la necesidad de llenar un vacío. Es calmar el dolor del pie amputado. Es imposible, pero la profundidad de nuestra mente no se da cuenta o no lo quiere reconocer. Decía Alfonso Barrera: “los baldados lo saben: el miembro que más duele es el perdido”. Y recuerdo (mi tío Carlos me lo enseñó) todo esto dentro del marco de lo que hemos llamado el reciclaje emocional: la única manera de darle una respuesta saludable a esa pérdida es transformar esa emoción devastadora en energía creativa. Pieter van der Meer de Walcheren lo señalaba: “el arte es el canto de una privación”. Por eso vemos tantas novelas, películas, canciones que nos hablan de amores no correspondidos, de historias trágicas, de pérdidas irreparables, de sueños inconclusos. Es el canto de la privación.

Si logramos detectar nuestros vacíos y darles una respuesta creativa, conseguiremos atravesar la vida sin que ese miembro perdido nos siga doliendo. Nos hará falta, lo extrañaremos cuando vayamos a hacer algo que antes realizábamos sin dificultad gracias a él. Sin embargo, no nos detendrá, porque habremos logrado reorganizar esa zona para que no tome sensaciones de otras partes. Pues no hay relación sexual que cure la falta de amor, ni persona (por buena que sea) que suplante a otra, ni necesidad que llene el vicio o el deporte extremo. Lo único que nos permite seguir caminando sin mirar atrás es la certeza de que ese vacío representa algo valioso que tal vez perdimos o nunca tuvimos, pero que podemos sentir que no nos hace falta ante el resto de joyas que Dios nos ha regalado. Porque todos hemos perdido algo, aunque no todos sabemos superarlo.

El amor nos lleva a entender el vacío y transformarlo en emociones fructíferas, con creatividad.

Imagen por Erik Smit en Pixabay

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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