¿Psicología positiva o falta de realismo?, pt.2

En esta ocasión, nos pasaremos para el otro lado, a esas otras preguntas. ¿Basta con tener pensamientos positivos para ser felices? ¿Quien desea algo con todo su corazón siempre lo obtiene? ¿Enfocados en nuestras capacidades nada más, nuestros problemas desaparecen? ¿Es suficiente creer y soñar? Evidentemente, esto toca otros temas que ya he tratado, como pensamiento mágico o esperanza activa, que pueden leer en este mismo blog. Pero no se queda ahí, y ahora lo quiero relacionar con la corriente psicológica positiva de la que venimos hablando. Pues tenemos los medios sociales invadidos de gurúes del bienestar que nos ofrecen felicidad instantánea, solo siguiendo ciertas fórmulas maravillosas (a veces con costo, otras sin él). ¿Son charlatanes o tienen razón, al menos un poco?

Rafael Pardo, autor de “Felicidad tóxica: El lado oscuro del Pensamiento Positivo”, señala el peligro de olvidarse de la genética o el medio en el que nos desenvolvemos para alcanzar nuestras metas. Esto se da porque lo opuesto del pesimismo no es el optimismo, es la falta de conexión con la realidad. Enfocarnos en lo positivo de nuestra vida no quiere decir desconocer lo negativo, sino darle su justo valor. Martin Seligman nos recuerda: “la vida inflige los mismos contratiempos y tragedias en el optimista como en el pesimista, pero el optimista las resiste mejor”. Entonces, no se trata de hacer a un lado los obstáculos, sino de prepararse con el fin de superarlos con una mentalidad fortalecida. Para ello, deberemos trabajar tres dimensiones, según sus estudios: placer, compromiso y sentido. Si juntamos esto a los cinco elementos del bienestar (PERMA), tendremos claro por dónde caminar.

Cuando Seligman se refiere a placer, no está hablando de la segunda acepción del diccionario; es decir, algo que disfrutamos de manera hedonista. Más bien se acerca a la etimología del término (recogida en la tercera acepción), que viene de una raíz indoeuropea que significa plano, y que esta palabra comparte con otras como plato, plaza, playa, etc. De ahí se tomó el sentido de aquel lugar en el que el navío reposa. Entonces, el placer del que habla Martin Seligman es realmente el sitio de descanso en nuestra mente. Nos enfocamos en emociones positivas, habiendo cubierto las necesidades básicas de la pirámide de Maslow, equilibrados entre el pasado, el presente y el futuro.

Luego, este placer no se basa en lo externo y sensible, sino en lo interno, profundo y significativo. Lo relaciono con las palabras de Jesús, “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?”. Es frecuente que los iluminados del pensamiento positivo (a veces utilizando herramientas como la PNL o la mindfulness) se enfoquen en esto: “¿de cuántas cifras esperas que sean tus ganancias este mes?”, “¿siempre soñaste con un Lamborghini o un Maserati?” y otras cuestiones por el estilo. Como dije en el artículo anterior, no bastará con esos objetivos, pues siempre se querrá más, y ya que son pequeños y concretos, una vez alcanzados se nota el vacío de que no era eso lo que en verdad se esperaba. Era algo más profundo y más grande que la vida misma.

Entonces llegamos al compromiso y el sentido. Ya no se trata de alcanzar metas, se trata de hacerlo construyendo una buena vida, virtuosa, con propósito. Así, esos objetivos chiquitos se ordenan hacia ese fin. En consecuencia, tal vez ya no quiera un Lamborghini, sino únicamente un transporte que me traiga la suficiente comodidad y tranquilidad como para poder dedicar mi pensamiento a los fines verdaderos de mi vida. Para esto, contar con un carro, una bicicleta o una patineta, de la marca que sean, me servirán. He puesto mi punto de vista más lejos, cada vez más allá de estas pequeñas metas tangibles. Y si lo llevo hacia aquello que trasciende mi limitada vida, mucho mejor.

El pensamiento positivo no se identifica obligatoriamente con la psicología positiva, mientras no es obediente a la realidad. Ni me quedo paralizado por los problemas, ni “me hago el loco” como que no existieran. Tomo el dolor, lo acepto, lo entiendo y trato de hacer algo con él, algo que responda a mi fin último. Y ese fin último debería ser la bienaventuranza, porque de no ser así, no estamos siendo fieles a nuestra esencia, aquella que busca encontrarse con el Padre al término de mis días. De esta manera comienzo a comprender mi ser y mis circunstancias para trabajar sobre ellos, reconciliado con mi pasado, comprometido con mi presente y esperanzado en mi futuro.

Como un barco que aspira llegar a puerto tras una fructuosa travesía.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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