A menudo navegamos la vida con una brújula moral que apunta hacia afuera, porque (como decía Jesús) solemos tener la hipocresía de querer quitar la paja en el ojo ajeno antes de la viga en el nuestro. Culpar a otros de nuestros problemas nos coloca cómodamente en el papel de víctimas mientras vemos a los demás como verdugos. Pero, ¿y si esta división fuera solo una ilusión, cuestión de perspectiva? En esta reflexión, exploraremos esa idea, analizando la poética letra de un clásico inolvidable de la canzone italiana: “Gli altri siamo noi” («Los otros somos nosotros»), de Umberto Tozzi.
Carl Rogers escribió: “ser empático es ver el mundo con los ojos del otro, y no ver nuestro mundo reflejado en los ojos de él”, destacando la importancia de la empatía y la autoconciencia para evitar conflictos y comprender al otro. Abraham Maslow decía que “la maldad humana no es algo que se traiga al nacer, sino una reacción defensiva contra la frustración de nuestras necesidades biológicas y psíquicas más básicas”, señalando que somos buenos en esencia. Emmanuel Mounier subrayó que “solo en la comunidad, en el encuentro con el otro, el hombre se hace responsable de manera plena de sus actos; fuera de ella, ignoramos que cada paso nuestro puede ser el refugio de una víctima o el golpe de un verdugo”. Así, todos tenemos capacidad tanto de ser dañados como de dañar.
“In questo mondo gli altri siamo noi” (“en este mundo los otros somos nosotros”)
El corazón de la canción reside en esta frase sencilla y demoledora. Tozzi y Giancarlo Bigazzi (su letrista colaborador) nos invitan a dejar de ver al prójimo como un extraño o como el culpable de nuestros males, y a reconocernos en él. Esta idea nos empuja a ver nuestro propio reflejo en quienes señalamos, desarrollando la empatía y aceptando que, en las dinámicas humanas, no existe una separación tajante entre víctimas y responsables. Asumir esta verdad puede resultar incómodo, pero es el primer paso para la autocrítica y el cambio.
“Con gli altri chiusi in sé che si aprono al sole” (“con otros cerrados en sí mismos abriéndose al sol”)
Los autores advierten que, aunque deseemos pensar que todo está bien y que los conflictos son culpa de otros, la realidad es más compleja. Esta frase nos habla de una sociedad en tensión, donde todos participamos —de forma consciente o inconsciente— en la creación de un clima de desconfianza, pero a la vez presto al encuentro. Reconocer la vulnerabilidad generalizada y nuestra cuota de responsabilidad permite abrir canales de diálogo y transformación social.
“Ci somigliano angeli, avvoltoi” (“nos parecen ángeles, buitres”)
La letra apunta directo al hábito universal de juzgar al otro. Con esta imagen que equipara a los mensajeros divinos, espíritus puros, con las aves oscuras, comedoras de carroña, Bigazzi y Tozzi nos desafían a dejar de buscar la maldad allá afuera y a mirar hacia adentro, así como a no polarizar entre buenos y malos. La importancia de este verso radica en su llamado a detener el ciclo de victimización y acusación, y a adoptar una postura más equilibrada, ecuánime, empática.
“Siamo tutti vittime e carnefici” (“todos somos víctimas y verdugos”)
Una de las reflexiones más importantes de la canción es acerca de quienes, habiendo sufrido, ahora hacen daño a otros. Tozzi canta sobre el ciclo de dolor que convierte a las víctimas en victimarios cuando no han sanado sus heridas. Esta cadena solo puede romperse con empatía, autoconocimiento y perdón. Aquí se evidencia que nadie está exento de cruzar esa línea y que todos debemos estar atentos a no perpetuar el dolor.
“Noi che stiamo in comodi deserti / di appartamenti e di tranquillità” (“nosotros que estamos en cómodos desiertos de apartamentos y tranquilidad”)
La letra también señala a quienes eligen la indiferencia, nos recuerda que ignorar el sufrimiento ajeno es otra forma de injusticia y, en última instancia, de ser perpetradores. En una sociedad hiperconectada, la pasividad frente a los problemas del otro concreto perpetúa el dolor y refuerza las divisiones. Reconocer esto es esencial para salir del aislamiento y construir relaciones más humanas y solidarias.
“Ma tanto prima o poi gli altri siamo noi” (“pero, más tarde o más temprano, los otros somos nosotros”)
Finalmente, el tema musical llama con su frase recurrente a no quedarnos en el papel de víctimas del destino o de las circunstancias. Al señalar a los otros o culpar la suerte, perdemos la oportunidad de transformar nuestro entorno. La letra de Bigazzi nos exhorta a reconocer nuestro poder de cambio, tanto individual como colectivo, y a no escudarnos en excusas victimistas para no actuar, porque en algún momento podemos estar del otro lado. Solo así se puede construir una sociedad basada en la comprensión y la corresponsabilidad.
Reconocer que «los otros somos nosotros» no significa justificar el daño, sino entender que todos estamos conectados. Este reconocimiento implica aceptar nuestra capacidad tanto para el bien como para el mal. El primer paso es abandonar el papel de víctima perpetua y preguntarnos cómo hemos contribuido a esta situación o a ponerle un pare. ¿Cómo mis palabras o silencios han afectado al otro? ¿Estoy viendo la historia completa o solo mi parte? La canción de Tozzi nos deja un mensaje esperanzador: si los otros también somos nosotros, depende desde dónde se mire, el cambio es posible. Somos capaces de elegir la empatía por sobre el juicio, la responsabilidad por encima de la culpa y la conexión más que la división. Construir un mundo más conectado en realidad no es una utopía. Empieza con un acto sencillo pero transformador: mirarnos en los demás y reconocer que somos más parecidos de lo que queremos admitir.
¡Veamos al otro en nosotros!