Rapsodia Bohemia

Un buen día de mi adolescencia comencé una etapa de audiciones de lo que hoy se suele llamar “rock clásico”. Luego de haber podido demostrarle mi responsabilidad (de alguna forma) a mi tío Leo, comenzó a prestarme discos de su preciada colección. Yo se los pedía por tandas: primero los Beatles, luego John Lennon… hasta que llegó el momento de Queen. Existen canciones contadas con los dedos que han dejado una huella en mí en el sentido de grabar un episodio de manera casi fotográfica (ya les explico). Una fue Bohemian Rhapsody. Por eso ahora la uso como apoyo para hablar un poco de la memoria, de la autoimagen y de la creatividad. No, no hay análisis musicales o líricos, que de esos sobran.

La memoria episódica es un fenómeno mental por el cual recordamos momentos de nuestra vida, relacionando aprendizajes con su contexto. Es distinta a la memoria semántica pues esta guarda los conocimientos sin conectarlos con las circunstancias en que se adquirieron. En ocasiones se relaciona la memoria episódica con la fotográfica (o eidética), que es la capacidad de recordar de manera muy clara, como en una foto o un video. Hay acontecimientos que, debido al impacto que nos causaron, quedan grabados de una forma muy vívida en nuestra mente. La muerte de un ser querido, un accidente de tránsito, cuando conocimos a alguien que nos impresionó… o la primera vez que nuestros sentidos captaron algo muy impactante. Como una canción. Cuando la oyes o tan solo piensas en ella (la oyes en tu interior), un flashback pasa frente a ti.

Decía que eso me ocurre con pocas canciones. Resulta curioso que dos de ellas son de Queen: la que nos ocupa y Another one bites the dust. Son temas que por algo me golpearon y me llegaron tanto que no puedo olvidar el momento exacto en que eso pasó. De toda la música que oí por primera vez en esas audiciones juveniles de los discos de mi tío, que siempre fueron emocionantes e iluminadoras, solo esta resalta en mi memoria. Y oí muy buena música en esos LP. Música que hasta hoy está entre mi preferida, y por la que le agradezco al tío Leo por siempre. Pero esta… esta me cambió la vida. Nunca oí algo igual antes y no creo haber oído nada mínimamente cercano después. ¿Por qué, qué tiene de especial?

Existe mucho rock progresivo que posee aspiraciones artísticas similares o incluso superiores a las de este tema. En términos compositivos, poéticos, de producción o de calidad técnica, hay muchísimas obras mejores que esta creación de Freddie Mercury. Lo que hace, desde mi opinión de músico y sicólogo, que esta sea la cima de la música popular es que no es pretenciosa, sino que fue una declaración de principios y una llamada de auxilio al mismo tiempo. Algo como Help! o Strawberry fields de John Lennon. Todo eso, haciéndole un guiño irónico a la música académica. Esta mezcla hace de Bohemian Rhapsody una joya irrepetible. Es que fue una obra que estuvo en la cabeza de Mercury incluso antes del nacimiento de Queen como grupo. Como la sinfonía “coral” de Beethoven, hasta el momento de que se presente al público la fue construyendo por años con meticulosidad, cariño y cuidado. Era una terapia.

Farrokh Bulsara sufrió la exclusión desde muy pequeño. De la etnia parsi de la India, nacido en el Sultanato de Zanzíbar, un protectorado británico, este chico tímido se refugió en la música como en un escudo ante las burlas por su origen y sus cuatro dientes incisivos extras. Eso sin contar con las dudas sobre su orientación sexual que ya comenzaban a manifestarse. Así, mientras crecía en la India escuchaba y tocaba música pop occidental y se hacía llamar Freddie. Alrededor de los 18 años emigró con su familia, huyendo de la lucha étnica, y se instaló en Londres. Sus habilidades musicales le habían dado un lugar en este nuevo entorno en el cual, después de todo, se sentía más a gusto, al contrario que su estricto padre. Desde su hogar hasta la escuela, nunca sintió encajar en ningún lado más que en el escenario, lo cual lo volvió inseguro, incluso hasta la depresión (“a veces desearía no haber nacido nunca”). Por eso construyó un personaje más allá de su persona, y él era quien salía a ejecutar sus composiciones.

La creatividad resultó para Mercury la llave hacia el reconocimiento. Recicló sus emociones de temor y dolor para volverlas música que sigue siendo la banda sonora de muchas vidas. Y la Rapsodia fue la mejor muestra de esto: extravagante, complicada, emocional, una mixtura casi perfecta de todo lo que se puede buscar en una obra de arte. Y debajo de eso, el grito desesperado de quien quisiera asesinar al mundo por el sufrimiento que le causó. La parte central, esa parafernalia sónica de alcances inesperados, con sus Galileos y Mamma mias, es más bien un distractor humorístico del verdadero sentimiento de desesperación. Esa canción del vaquero (como primero la llamó) o del bohemio que mata a alguien y va a confesarse con su madre para que se prepare al final inevitable, en realidad muestra a un ser vulnerable queriendo dejar el disfraz y ser él mismo, “de todos modos el viento sopla”, la vida sigue.

Bohemian Rhapsody no es únicamente una canción que ha llegado a ser número uno en las listas en varias oportunidades, es una piedra miliar de la música popular. Para mí, el secreto es que Freddie Mercury hizo de ella una parte de su vida, una oportunidad para traducir sus más oscuros momentos en arte. Por eso me impactó en la primera escucha, por eso ha quedado grabada en la memoria colectiva de unas cuantas generaciones. Porque fue hecha con amor, con un amor propio débil, pero con un amor que busca despegar sin saber a dónde. Es así que quien la oye una vez, no puede olvidarla.

Más que una canción, la Rapsodia Bohemia es una declaración de principios, de amor, de miedo, de dolor.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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