Responder al miedo con amor

En tiempos de pandemia, el amor suele resultar oscurecido por el miedo. En artículos anteriores hablé del amor, y de que este nos puede salvar. ¿Pero cómo amar si nos sentimos encerrados, ayudar si estamos prohibidos de salir? Podemos vivir una apatía bastante comprensible, pero también un exceso de sentimientos que nos desborden. Manejar las emociones en nuestro interior para poder salir hacia el otro es fundamental en estos momentos.

Catalina Benincasa conoció de cerca esos sentimientos. Ella nació durante los primeros brotes de la peste negra, una plaga que asoló Europa a lo largo del siglo XIV y es considerada una de las peores pandemias de la historia. Hay una anécdota que cuenta su biógrafo, Raimundo de Capua, que habla de esto y también de la diferencia entre fe y pensamiento mágico. Raimundo había acudido al saber que un amigo estaba moribundo por el contagio, y se cruzó en el camino con Catalina, de quien conocía que “hacía milagros”. Inmediatamente le increpó por permitir que muera alguien tan querido y útil. Catalina, algo enojada, le dijo “¿soy yo acaso Dios para librar a un hombre de la muerte?”. Lo que no sabía fray Raimundo era que Catalina ya había actuado con toda la fe, entrando a la habitación del enfermo y diciéndole que se levante, que no podía estar de ocioso, y este se incorporó repuesto.

Vemos en esta escena el comportamiento que habríamos de tener en momentos en los que la desesperación parece ganarnos. ¿Debemos esperar la solución mágica de nuestros problemas, o confiar nuestros actos al poder del amor, ese que ponemos en la oración, en la fe que surge de él, porque es un regalo de aquel que es el Amor? Fray Raimundo conocía a la portentosa dama (santa Catalina de Siena) muy bien, pues era su confesor. Sabía que ella no dudó nunca en asistir a los enfermos de la peste bubónica, no solo con su cuidado físico, sino sobre todo afectivo y espiritual. Más allá de la sanación que se relata, realmente increíble, se ve por un lado el buen humor ante la desgracia, y la fe inquebrantable de saber que es un instrumento de Dios, pero al mismo tiempo una absoluta seguridad en que no es ella la que actúa, sino la Voluntad Divina.

No tuvo miedo. Ni de contagiarse, ni de aceptar el destino que el Señor había deparado a fray Mateo en su supuesto lecho de muerte. Ni de detener en seco a quien sea, aún su confesor, si este llegaba a equivocarse con la fuente verdadera de esa salud. Pero, ¿dónde está la lección psicológica de todo esto? Está, precisamente, en entender que ante la adversidad, la única salida es el amor. Ese que no nos detiene en la incertidumbre y la ansiedad, sino que nos mueve a hacer algo por el otro. Catalina era feliz, aún con todas las complicaciones que se le presentaron tanto a ella, como a la Orden Dominicana a la que pertenecía, a la Iglesia y al mundo entero. Sabía que no se podía quedar en eso, y que debía pensar en darle sentido a todos esos obstáculos.

Santa Catalina de Siena celebra este año el 50º aniversario de su proclamación como doctora de la Iglesia y los 640 años de su muerte. Creo que vale la pena honrar su memoria recordando que nuestra naturaleza es fuego, si la chispa que lo enciende es el amor. Estar seguros, como ella, que somos capaces de maravillas, siempre y cuando eso que hacemos lo hagamos con un sentido que vaya más allá del aquí y del ahora. No se trata de salvar una vida solamente porque duele perderla, sino porque esa vida puede ser testimonio de algo mucho más inmenso, infinito, eterno. Debemos encendernos de amor y actuar a pesar de la incertidumbre.

Sin miedo a nada.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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