Disciplina de los hijos en tiempos pandémicos

La mayoría de los papás estamos desbordados con la disciplina en la casa en esta época de cuarentena obligada o voluntaria. Parece que los chicos son monstruos inmanejables, criaturas fuera de este planeta que entienden idiomas extraños y no el nuestro. Bombas que explotan con la menor chispa de frustración. Seamos honestos. ¿No estamos nosotros igual? ¿Cómo exigirles disciplina si no podemos controlar nuestras propias emociones?

Dice Becky Bailey, psiquiatra dedicada a la educación de los padres en lo que ha llamado “disciplina consciente”, que no podemos pedir a los niños nada que no seamos capaces de cumplir nosotros mismos. Para enseñar autocontrol, es necesario aprender a controlarnos. Nadie da lo que no tiene. La Dra. Bailey nos recuerda que los tiempos han cambiado, y nosotros también debemos hacerlo. Y eso suena más oportuno aún en estos días. En un momento en el que la incertidumbre no es solo algo común, sino una realidad global, la ansiedad que esta genera es casi inevitable, y ella toca a todos. Pero hemos de viajar del temor al amor.

Los tiempos han cambiado, nuestros hijos no viven el mismo mundo que nosotros vivimos, peor el que vivieron nuestros padres. Entonces, no podemos juzgar sus comportamientos como se juzgaban los nuestros. Más allá aún, no creo que es igual calificar actitudes en tiempos de coronavirus a hacerlo días antes de que este apareciera en nuestro entorno. Porque las circunstancias no son iguales, y el ambiente que percibimos hoy condiciona nuestra libertad de actuar como siempre lo hicimos.

Existen varios estudios sobre el comportamiento humano en circunstancias especiales: aislamiento, soledad, libertad de movimientos limitada. Los resultados pueden ser aterradores. Como vemos en el arte o en la vida imitándolo, desde una isla (como “El señor de las moscas” o “Robinson Crusoe”), hasta una ciudad en caos (como las que resultaron de las grandes guerras), pasando por una prisión (“Expreso de medianoche”o “En el nombre del padre”) o un confinamiento por secuestro (véase el testimonio de Bosco Gutiérrez), las condiciones singulares exigen reacciones particulares. Si bien no estamos en una isla, una cárcel o una población devastada, es evidente que el clima de nuestro hogar no puede ser el mismo que si cumpliéramos las rutinas de siempre.

No podemos exigir a los chicos que estén tranquilos, que no reaccionen violentamente o tengan baja tolerancia a la frustración, si los adultos nos mostramos frustrados, violentos, nerviosos e intranquilos. No podemos saber por qué gritan, chillan, lloran o pelean si no estamos dispuestos a oírlos porque la angustia del día a día nos sobrepasa. Casi siempre, las reacciones de los hijos son un espejo de las de sus padres. Claro, un mayor de edad no se tira al piso a patalear, pero sí puede alzar la voz para castigar a su hijo porque no guardó sus zapatos en el sitio.

¿Qué propongo entonces? ¿Que la disciplina quede abolida en estos tiempos de pandemia? Por supuesto que no. Propongo oír más al otro, pero también oírnos más a nosotros mismos. ¿Es normal que me sienta como me siento, que reaccione como lo hago? No lo es. Pero, ¿por qué estoy tan susceptible y emocional? Obvio, porque mi día a día actual no es el regular. Sin embargo, la respuesta no se queda ahí, sino que debo buscarla más profundo. Tema de consulta psicológica, no dejes de llamarme [guiño cómplice].

Escuchar. Escuchar al hijo, saber qué siente, por qué está explotando con cosas pequeñas nos ayudará a entender cómo conducir su disciplina. Generar alternativas, quizás para sobrellevar este período, pero seguramente para entenderlo mejor y poder ayudarle más a crecer saludablemente de aquí en adelante. Y tal vez eso implique ceder un poco en mis reglas, eso sí sin perder el respeto y los límites necesarios. Acosarlo algo menos, porque tal vez esa presión sea una traducción de la que el mundo me está metiendo a mí. Si puedo pasar por alto que mi hijo no haya terminado su desayuno, tomará mejor que sea más firme en exigir respeto a su hermana.

Criar hijos es una gran responsabilidad, pero no nos la impusieron, viene del amor. Y con amor debemos actuar para sacarla adelante. El amor sabe oír, es paciente, misericordioso, compasivo.

Y nadie va a juzgarnos por eso.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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