Siempre en la mitad

Cuando estaba en mi adolescencia escribí una canción que se llamaba como el título de este artículo. Lo que yo sentía en ese momento era que yo era un ser especial que no pertenecía a ningún bando, sino que permanecía neutral. En cierta forma, eso sigue cumpliéndose si lo veo como parte de esa capacidad natural (un don) que tengo para poder entender cada lado de la historia y no verlo todo como blanco o negro; aunque tampoco es tan extraordinaria. Pero ese no es el tema. Me acordé de ese lejano intento musical pues hoy considero que en muchos puntos de nuestra vida sentimos que estamos en la mitad de dos tendencias, y que no quisiéramos defender a ninguna pues en ambas tenemos un pedacito de nosotros. Muchas personas me lo dicen.

La tendencia humana natural a resolver el conflicto eligiendo entre dos posturas opuestas, puede liberar del desorden interno, aunque no revela la verdad más profunda”, señalaba Brian Muldoon, abogado que ha estudiado el conflicto y la mediación. Él habla de que el conflicto no solo está presente siempre en nuestras vidas, sino que es necesario, pues de él sacamos importantes lecciones. Si incluso nosotros necesitamos de Jesús como mediador entre Dios y nuestros pecados (lo dice san Pablo), es natural que busquemos siempre esa mediación, que también se ve reflejada en el papel del sacerdote. Y, por supuesto, no es el único: psicólogos y abogados muchas veces cumplimos esta función en los conflictos entre personas.

Atendiendo a la frase de Muldoon citada arriba, como decía antes, el ser humano siente el impulso de dar la razón a una de las dos posturas entre las que percibe debatirse. Estas, frecuentemente, están representadas en nuestra mente por las personas que las sostienen. Y ese debate causa un conflicto interno: ¿si defiendo esta idea, estoy lastimando a quien propone otra? Es como si las ideas fueran banderas, y al acercarnos a uno de los portaestandartes, el de aquella bandera que más nos identifica, le estuviéramos disparando a quien lleva la otra. Es más, muchas veces ellos mismos nos hacen sentir como que así fuese.

Es de suponer que el conflicto entre dos principios defendidos por dos individuos se relaciona con algo que ya hablé en el artículo sobre el autoengaño: la disonancia cognitiva. El equilibrio necesario para nuestra paz mental viene de sentir que estamos tranquilos con aquello que defendemos. Si eso que defendemos representa una manera de ver la vida, ese equilibrio es mucho más delicado. Y si, además, esas maneras de ver la vida figuran en nuestro interior como bandos con rostros humanos, incluso nos produce un malestar muy grande ponernos de cualquiera de los lados. Una cosa es decantarse por una opción: endeudarse o ahorrar, frío o caliente, chocolate o menta, orden o desorden… Otra es decidir entre capitalismo o socialismo, religión o ateísmo, River o Boca. Porque detrás de esas opciones se esconde una historia personal, una historia atada a un sentimiento (como la canción de Miguel Mateos).

Por esto, yo considero que siempre estamos en la mitad de dos personas. La familia de origen y el esposo, la mamá o el papá, el jefe o el compañero… River o Boca. Existen individuos que manejan este conflicto (y la consiguiente disonancia cognitiva) inclinándose a un solo lado. Y se convierte en fanatismo (ya escribí también de esto). Otros, en cambio, navegan en un mar picado de indecisiones para no disgustar a nadie. No son dueños de una voz propia, y consideran que cualquier decisión termina haciendo daño a otro. Traicionan su esencia por quedar bien con alguien a quien -posiblemente- ni siquiera le interesa. Porque muchas veces no es River ni Boca, sino El Nacional.

La forma saludable de enfrentar estos conflictos es conocer y entender qué me dicen las dos ideas, para poder decidir cuál hace sintonía con mis principios y mi visión de la vida, o si puedo tomar algo de ambas y construir una propia, en la mitad. No por quién la defiende o quién la ataca y cuánto cariño, respeto o amor le tengo, sino más bien por los argumentos a favor y en contra que poseen. Proteger mi integridad, ser fiel a mí mismo. Siempre estamos en la mitad de dos personas que piensan distinto, pero ser mediadores significa comprender los diferentes puntos de vista sin dejar de defender la verdad. Y es un papel que siempre deberemos jugar en algunos momentos de nuestras vidas.

Con amor al otro y a la verdad, pero defendiendo mi integridad.

Photo by Tim Gouw on Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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