La técnica del sánduche

Primero, en honor de la comprensión, debo decir que la Real Academia Española desaconseja llamarle al emparedado del modo en que aparece en el título. Es la forma que usamos en Ecuador, Colombia y Venezuela. Se refiere a lo que suele conocerse como sándwich, que se lee sánduich o sánguich, o sánguche (que igual desaconseja la RAE). Y también bocadillo o torta o tostada o Carlitos o trancapecho o butifarra o lorenzo o… Simplemente, en mi léxico, no suena tan bonito “la técnica del emparedado” o “la técnica del sándwich”. Así que queda como está.

La técnica o el método del sánduche (o sándwich, sánguche…) consiste en introducir el mensaje en sí (que puede ser incómodo o doloroso) entre dos ideas positivas, como el queso entre dos rebanadas de pan. En realidad no sé quién creó esta técnica o si simplemente fue surgiendo en el proceso de buscar formas de comunicación más empáticas. Si uno de ustedes lo sabe, me ayudaría con su comentario. Es más, yo mismo no sé dónde la aprendí, si la leí o alguien me la enseñó. O, incluso, si es algo que ya había estado utilizando sin darme cuenta. El caso es que la he venido ofreciendo a muchos clientes/pacientes que enseguida reportan sus beneficios. Se ha aplicado desde hace varios años en los ámbitos empresariales, educativos, en ventas… y –por supuesto– en la vida diaria, en nuestras relaciones cotidianas. Desde mi punto de vista, es algo secundario si es efectiva para obtener lo que buscamos, lo fundamental es que es eficaz para poder acercarnos al otro.

Esta técnica tiene una explicación muy lógica y sencilla: nuestro inconsciente nos protege del peligro y enciende las alarmas si lo percibe. Es frecuente que cuando oímos algo como “no me gusta lo que estás haciendo”, nuestro yo más profundo busque en recuerdos (más bien, sensaciones de dolor) del pasado un hecho similar que no queremos repetir. Como una computadora haciendo un escaneo de una compleja base de datos de emociones relacionadas con hechos vividos. Y quizás el puntero señale un castigo por algo que hicimos mal cuando niños y con el cual sufrimos especialmente. El caso es que el inconsciente dispara la alerta y bloquea cualquier mensaje. Puede ser la crítica más constructiva, hecha con la mejor de las intenciones, las palabras que traduce nuestra mente son algo como “eres un desastre, te odio”. Se activan los mecanismos de defensa y dejamos de escuchar, lo único que sentimos es el ataque del otro.

En resumen, el mensaje no llega, se pierde en los vericuetos de la mente, empañado por la sangre del pasado. Si, en cambio, le damos un preámbulo a ese mensaje que permita que el oyente mantenga esas barreras abajo, es bastante más posible que lo que quisimos decir sea escuchado en verdad. Y mucho mejor cerrándolo con una llamada a la acción afianzando la confianza en esa persona. Suelto un ejemplo, primero como lo solemos hacer y luego usando el método sánduche:

Versión 1:
– Pancracio, estoy harto de que no hagas lo que te digo. ¿Es tan difícil entender que necesito ese trabajo en mi escritorio antes de mediodía?
– Bueno, si soy tan estúpido, ¿por qué no me botas?

Versión 2:
– Pancracio, en verdad aprecio el esfuerzo que estás haciendo. Pero sería mucho mejor si logras terminar lo que te he pedido antes de mediodía, para que podamos contar con tu aporte previamente a la reunión de la tarde. Sé que si sigues con esa buena actitud, lo lograrás sin problema.
– Por supuesto, voy a proponerme tenerlo listo como me pides. ¡Gracias por la confianza!

Como se puede ver, la primera forma no llega a comunicar la necesidad, simplemente se percibe como una agresión, y como tal es respondida. La segunda, en cambio, origina un sentimiento de paz y armonía entre ambas personas, y genera la necesidad interna en Pancracio de hacer un esfuerzo mayor para cumplir con lo que se le pide. La primera ocasiona malestar y un clima negativo en el ambiente, la segunda nos mantiene optimistas y produce una sensación de comunicación entre todos. La primera no sirve, la segunda sí.

Cuando buscamos transmitir al otro nuestras necesidades, sentimientos, pensamientos, debemos encontrar las estrategias adecuadas para lograrlo con el mínimo de riesgo. La técnica del sánduche consigue que el mensaje llegue de una manera más libre, sin el ruido que ocasiona hacer sentir a la otra persona invalidada, y por tanto imposibilitar cualquier comunicación posterior con ella. Comienza por la empatía, por buscar sentir lo que el otro siente (o puede sentir) y querer realmente que sus emociones sean positivas para motivar un cambio. Porque de ese cambio depende que la relación se vaya solidificando y fortaleciendo.

Con amor, el condumio del sánduche siempre resulta apetecible.

Photo by Oliver Sju00f6stru00f6m on Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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