La voluntad de compromiso, pt.2

Continuando con el artículo anterior, quiero enfocarme en cómo trabajar esa voluntad de compromiso, de manera que permita sostener las relaciones en el tiempo. Una pareja, por ejemplo, que ha visto dañada la confianza por un error de uno de los dos o de ambos, siente que ya no quiere comprometerse. Es vital, entonces, comprender dónde reside ese compromiso, y cómo mantenerlo aun cuando parece que todo está perdido.

Habíamos hablado del triángulo del amor de Robert Sternberg, quien nos señala la importancia del equilibrio entre intimidad, pasión y compromiso. También recordábamos al filósofo del derecho Javier Hervada, hablando del compromiso como la intersección entre naturaleza e historia. Me parece oportuno ahora ir un poco más allá con la exhortación apostólica post-sinodal del Santo Padre Francisco “Amoris laetitia”, donde nos recalca que “el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo arrasado por las conveniencias circunstanciales o por los caprichos de la sensibilidad“. Y esto se aplica no únicamente al matrimonio, sino a cualquier relación entre dos personas que exige compromiso.

El compromiso no puede romperse por un error o un par de fallas, frutos de la debilidad propia de nuestra condición humana. Es que tendemos a relacionar el compromiso con la fidelidad monogámica. Sin embargo, el compromiso es necesario, como siempre recalco, no solo en la pareja, sino en la familia, los amigos, e incluso en los vínculos comerciales. Toda relación exige com-prometerse (prometerse mutuamente) para que pueda dar frutos. Una madre que no se compromete con su hijo (y viceversa) no pueden generar un vínculo incondicional, a prueba de los vaivenes de la naturaleza humana.

En esto siempre recuerdo nuestra relación con Dios, reflejada en el pacto entre Él y su pueblo (primero Israel, luego todos los creyentes). Siempre estamos queriendo volver a Egipto, a nuestros pecados, a nuestros defectos de los cuales somos esclavos, a la zona de confort. Nuestra sensibilidad nos vuelve volubles, y por tanto inconstantes. La inconstancia, decía Daniel Melero (y lo cantaba tan bien Ceratti) “no es algo heroico, es más bien algo enfermo”. Cuando la relación ha sufrido los embates del dolor, ha pasado hambre en el desierto, está enferma y cada uno quiere regresar a casa de mamá, quiere huir. Rechaza el compromiso, porque el compromiso, cuando el clima es adverso, exige quedarse y luchar y no es fácil.

Para Sternberg, el tipo de relación completo es el amor consumado, donde se equilibran pasión, intimidad y compromiso. Para Hervada, la voluntad de compromiso es un proceso de actos construido gracias a las decisiones libres y voluntarias de la persona. Es decir, no es algo que podamos dar por sentado, sino que debemos edificarlo con esfuerzo. La pasión, la intimidad y el compromiso se moldean y se sostienen, no crecen en lo salvaje. Por esto, la voluntad se junta a la inteligencia para echarle agua a ese árbol para que se desarrolle fuerte y robusto, de manera que ninguna tempestad lo tire abajo.

No es fácil mantener la voluntad de compromiso cuando estamos heridos. Pero es la única manera de encontrar la paz. Solo el amor puede contra todo, porque es un reflejo de Dios mismo, que es el Amor. Por dura que haya sido la batalla, por incontables que sean las bajas, no podemos dar por perdida la guerra. El enemigo es fuerte, pero no invencible. El amor tiene todas las armas para abatirlo. Como en la conocida cita de Virgilio, “Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori” (“el amor lo vence todo, dejémonos vencer por él”).

La voluntad de compromiso funda y sostiene toda relación, y es fruto del amor.

Photo by Flora Westbrook on Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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