Hablar con el resiliente

Cuando pienso en el concepto de resiliencia, recuerdo la canción del Dúo Dinámico, cuya fama debida a la película “Átame” resurgió en estos tiempos pandémicos. Sí, esa que dice: “y aunque los vientos de la vida soplen fuerte / Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. Porque la palabra significa exactamente eso, volver de un salto a la posición original luego de haber sido movido de ella. Viene del latín re- (repetición) y salire (saltar), a través del inglés, idioma en el que se comenzó a usar en los años 70 en campos como la ecología o la psicología del desarrollo.

Es precisamente en este último ámbito donde Emmy Werner habla de la resiliencia como la capacidad que tienen ciertos niños, que nacen y crecen en ambientes carenciales, para sobreponerse y tener una vida más o menos saludable. Al Siebert señala que existen tres posibles respuestas a una situación adversa: explotar con rabia, volverse insensible, o enojarse e iniciar un proceso hacia el bienestar; la resiliencia es este último proceso. El psiquiatra Boris Cyrulnik, uno de los que más ha hablado sobre este fenómeno, señala que la resiliencia no es simple adaptación (cercana a la insensibilidad), sino enfrentar la vida como algo nuevo. Y él mismo es un ejemplo vivo de esto.

Cyrulnik sobrevivió de niño a la persecución a los judíos por parte del nacionalsocialismo, primero ayudado por adultos que lo acogieron hasta tener que esconderse en las letrinas, huir y terminar trabajando en el campo. Todo esto, entre los 5 y 6 años. Él señala que en ese tiempo no se preocupaba más que por seguir viviendo, que la búsqueda de propósito vino más tarde, cuando ya pudo ser educado por su tía y tener una vida más normal, luego de la Ocupación. Hablando de resiliencia. Es por esto que él señala algunos mecanismos de defensa ante la adversidad, desde el más pasivo al más activo: la negación, el aislamiento, la “huida hacia adelante” (constante vigilancia para no repetir lo que causó dolor), la intelectualización y sobre todo la creatividad.

El ejemplo de Boris Cyrulnik me recuerda al relato de alguno de los supervivientes del llamado “Milagro de los Andes”, cuando decía que en realidad en la montaña su único pensamiento era sobrevivir este minuto. Cualquier búsqueda de sentido tendría que surgir después. Cuando regresaron a su hogar, construyeron una nueva vida sobre las ruinas de la que perdieron en la nieve. Eso es resiliencia, esa capacidad que surge luego de la ira, la negación y la adaptación.

Pienso que hoy en día es muy común hablar de resiliencia, como una facultad que tenemos todos para reponernos ante cualquier problema. Sin embargo, como dice Siebert, se trata más bien de un proceso, que además tiene fuentes aún no suficientemente estudiadas, a decir de Cyrulnik. ¿Por qué hay personas que se hunden ante la mínima adversidad, y otras que surgen como el ave Fénix luego de las peores calamidades? O, tal vez, esos que resurgen lo hacen precisamente porque no les queda otra opción, después de haber perdido hasta lo último. Creo que resta mucho por conocer sobre el tema, pues el hombre no deja de ser un misterio.

Igualmente, yo considero que todos tenemos una potencialidad resiliente en nuestro fuero interno, y que surge de esa imagen de Dios a la que respondemos. Las más grandes desgracias pueden sacar lo mejor de nosotros, pero también lo peor. Somos nosotros quienes decidimos si queremos ser creativos y renacer de las cenizas. Sentir que tenemos esa capacidad de doblarnos ante los embates de la vida puede ser un factor determinante para encontrar respuesta a todo lo que nos pase, por dramático que sea. Y aunque ese proceso inicie con sufrimiento e ira. Nos doblamos pero no nos doblegamos.

Como el junco, saltamos de nuevo a ver la luz del sol.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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