Esos mensajes en los medios sociales…

En los últimos días he visto que muchas personas cuelgan en sus muros de Facebook una cadena que comienza diciendo: “Hubo momentos en que he tenido $10 para alimentarme y también he tenido $1000 para salir a comer”. Es un mensaje que habla de los altos y bajos de la vida y del valor de las personas. En el fondo tiene una buena idea, aunque quiero analizar un poco y ajustar tuercas donde se deba. Y pienso que algo parecido lo podemos aplicar a muchas otras publicaciones similares en internet.

Comienzo diciendo que es bueno ver este tipo de mensajes como parte de lo que Abraham Maslow llamaba autoactualización: la necesidad del ser de alcanzar su sentido de vida. Este concepto lo toma del psiquiatra de origen prusiano, Kurt Goldstein, cuando hablaba de que el “organismo está gobernado por la tendencia a realizar, tanto como sea posible, sus capacidades individuales, su ‘naturaleza’, en el mundo”. Al ser la cima de la pirámide propuesta por el psicólogo neoyorquino, debe fundarse en las otras necesidades: las básicas, las de seguridad, las afectivas y las de autoestima.

Es verdad, la vida tiene siempre altos y bajos. No dependemos en realidad del dinero que tenemos (o que ganamos), sino de la seguridad o el poder que sentimos que este nos brinda. Como había dicho en el artículo donde hablaba de la pobreza como estado mental, no se trata de lo que poseemos, si no de cuánto necesitamos. En tal sentido, habrá momentos en los que sintamos que carecemos más que otros. Si logramos mantener nuestro propósito vital a pesar de esas circunstancias, no importará esa montaña rusa económica.

Sin embargo, no considero que todo pueda medirse en estos términos. Siento que el mensaje fue escrito por alguien que ha sido menospreciado por su falta de poder adquisitivo. Eso se evidencia sobre todo cuando manifiesta que si no se comparte el mensaje es porque se pertenece al grupo de materialistas con el ego inflado. Estar de acuerdo con las ideas que expresa el post no implica automáticamente que uno quiera pegarlo en su muro. Es esa forma de chantaje emocional electrónico del que ya he hablado en otros artículos.

El hecho de que nuestra esencia humana nos haga iguales y que busquemos la equidad de deberes y derechos no implica la imposibilidad de que una persona sea mejor que otra. Obviamente, esto también tiene matices. Si comparo a san Francisco de Asís con Charles Manson, no creo que haya alguien que niegue que San Francisco fue un mejor ser humano. Y entender que Messi puede ser mejor futbolista que yo también me ayuda a valorar nuestras diferencias como algo positivo y -es más- deseable. Esto tampoco quita la defensa de la dignidad en todo ser humano, por horribles que sean sus actos.

No soy mejor que otro por lo que tengo, pero sí puedo serlo por lo que hago. Porque me acerco más a la imagen de Dios que llevo en mí, porque me aproximo más a aquello que es mi naturaleza en el mundo. Si el Creador me dio un talento para ayudar a la gente con sus problemas psicoafectivos, llevar permanentemente esa capacidad a un nivel superior me vuelve un mejor individuo. Si no lo hago, desvío la ruta y me convierto en un delincuente, es evidente que he dejado de ser todo lo bueno que podría.

Como dice el mensaje, hay que valorar a todos en ese esfuerzo por actualizarse día a día. A algunos se les da mejor que a otros, pero cada uno tiene esa capacidad. Claro, siempre y cuando pueda comer, vestirse, tener un techo y un trabajo, sentirse amado y apreciado. De no ser así, es difícil que sienta el impulso de crecer. Es como querer que un árbol crezca grande y fuerte en una maceta en el sótano.

Algo que me encanta de ese mensaje es destacar el poder del amor. El amor genera cambios positivos, nos aleja de las tendencias oscuras, cura las heridas. El amor nos saca de nuestras propias ambiciones para abrirnos al bien de los demás. El amor es una de las tres virtudes teologales (aquellas que Dios infunde en nuestra inteligencia y voluntad para impulsarnos hacia Él mismo), la más alta, más que la fe y la esperanza. Estas brotan del amor y en él se alimentan.

Nuestras vidas responden a nuestra historia, pero no están ancladas a ella. El amor nos aparta de esas cadenas y nos permite llevarnos a lo que podemos ser conforme al llamado de Dios en nuestro corazón. Y esa respuesta es individual, única e irrepetible. Y ciertamente no tiene que ver con nuestras posesiones materiales, como tampoco intelectuales o afectivas. No podemos calificarnos por lo que tenemos, sino por quienes somos. Y en eso, solo el Padre nos valora justamente.

Busquemos ese ideal que nos acerca al plan de Dios en nuestras vidas, más allá de las apariencias.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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