YouTube no es la vida

Sigo analizando medios sociales y sus aspectos psicológicos, y me enfrento a YouTube. Reconozco que he tenido una relación conflictiva con esta plataforma. Comenzó al convertirme en uno de los primeros usuarios (seguramente entre miles) allá por 2006, más por novelería y entendiéndolo como un sitio para ver los videos que compartían ciertas páginas o personas que seguía. Pasé por una etapa en la cual no veía en este espacio digital nada más que un lugar donde cualquier pelagato podía subir cualquier video, y mientras más estúpido, mejor; por esto, dejé de prestarle mucha atención. A partir del año 2018 (que coincide con un repunte en la popularidad de la plataforma), me di cuenta del gran instrumento que podía significar como medio de difundir ideas, conocimientos y visiones de la belleza, la verdad y la bondad del mundo. Entre tanta basura que puede haber en Internet (y, claro, YouTube no se salva), este se ha vuelto el espacio donde más consumo contenido para mi formación y entretenimiento personal.

YouTube es el sitio web de alojamiento de videos más grande y el segundo más visitado del mundo. Más de la cuarta parte de la humanidad está suscrita a esta plataforma. Fue uno de los primeros sitios que produjo la explosión de los medios digitales, uno de los de más rápido crecimiento en esos tiempos iniciales y quizás el que más y mejor ha evolucionado. Por todo esto, YouTube ha tenido un impacto social en muchos campos, habiendo dado forma directamente a los acontecimientos mundiales. Sus creadores, Chad Hurley, Steve Chen, y Jawed Karim, buscaban que sea un sitio donde, aparte de que las personas tengan oportunidad de “colgar” sus videos (una tecnología que estaba apenas comenzando), quienes los vean puedan calificarlos y a su vez compartirlos. Libertad de expresión, información, oportunidades e integración son los cuatro pilares sobre los que se funda, aunque esos pilares deben ser entendidos tratando de equilibrarlos entre ellos y atender al respeto a esas libertades de usuarios y creadores de contenido. Una tarea compleja que no siempre es bien manejada.

Sin quererlo quizás, y desde su nombre (“TúTele”) hasta la manera en la que ha ido ajustando su algoritmo para cumplir con sus principios, pasando por su lema (“Transmite tú mismo”), este medio resulta –a mi modo de ver– uno de los que está moldeando la sociedad del siglo XXI. Y en esto debemos volver a recordar a Marshall McLuhan, así como cuando nos habla de la televisión como contenido y no como medio. “El lugar más público del mundo, desde la privacidad de nuestros propios hogares”, dice Michael Wesch, antropólogo cultural. Y añade: “YouTube se ha utilizado para muchas cosas: una tribuna política, el escenario de un comediante, un púlpito religioso, el podio de un maestro o simplemente una forma de llegar al vecino de al lado o a todo el mundo. Para las personas que amamos, para las personas que queremos amar o para las personas que ni siquiera conocemos”. Pienso que son palabras que retratan de cuerpo entero este medio digital.

Este es, aunque a muchos duela reconocerlo, el mundo de YouTube. Por ello, es quizás el artículo donde siento que menos calza el título dentro de nuestra serie: esta plataforma tecnológica refleja más que ninguna la vida real, y –es más– la transforma. Los yutuberos llegan a ser influencers debido a que conectan con su público, de una manera en la que ni siquiera en WhatsApp (que se maneja entre gente que conocemos) solemos hacerlo. Y esto se debe a que vivimos en la galaxia Gutemberg, la constelación Marconi y la nebulosa Zuckerberg: una aldea global mediatizada y donde la imagen vale más que mil palabras, y si es en movimiento, más que un millón de instantáneas. Es la cultura del videoclip. YouTube representa un vuelco no solo en la forma de transmitir noticias, promocionar personajes o productos o generar involucramiento; ha sido un salto copernicano en cuanto a la manera de educarnos y formarnos.

A pesar de esto, no podemos creer que todo lo que vemos en el sitio es la realidad: aparte de los filtros que YouTube ha generado para proteger a sus usuarios (mayormente a los niños), el mismo creador de contenido muestra lo que quiere mostrar. No al nivel de otras redes sociales, pues es la honestidad y la transparencia lo que genera conexión, pero sí con cierto cuidado para no presentar algo que pueda terminar regresando en su contra. Es también en esta plataforma donde florecen los haters, las personas dedicadas a regar su odio hacia todo aquel que considera diferente, y –por tanto– una amenaza. El yutubero debe, en consecuencia, tener la piel curtida para resistir por igual los halagos y las agresiones. Saber que contar con cien mil seguidores no significa que sean ellos las únicas personas que los aman, ni tampoco creer que el resto del mundo lo aborrece.

Como consumidores, debemos saber hacerlo inteligentemente, entendiendo dónde está la información respaldada, las noticias comprobadas y la honestidad acrisolada. Debemos buscar lo que nos sirve para el crecimiento, entendiendo la eutrapelia (la sana diversión) como una de sus fuentes también. Suscribirnos a los canales que notemos que nos ayudan y saber poner al algoritmo de YouTube de nuestro lado, permitiendo que nos aconseje el contenido que realmente queremos dejar entrar a nuestras vidas. No podemos pensar que somos capaces de abarcarlo todo, pero sí aprovechar cada minuto gastado en este medio para mejorar como personas y comunidades (un concepto muy importante en esta plataforma).

Hacer de YouTube el nuevo colegio, el nuevo foro, el nuevo parque para encontrarnos.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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