Twitter no es la vida

Continuando con esta serie que he abordado sobre las características de los medios sociales, sus consecuencias psicológicas y cómo responder a ellas, paso a tratar Twitter. Mi relación con esta red siempre ha sido bastante “de ladito”; es decir, tomando distancia. Principalmente por dos razones: antes, porque me resultaba complejo el microblogueo, o sea reducir mis comentarios a 140 caracteres; después, por lo enfebrecidos que se pueden tornar los debates en esta red. Sin embargo, una vez que le agarré la vuelta, hasta le voy tomando cariño.

El principio básico de Twitter, en el cual se fundó y que sigue presente a pesar de todos los giros que puede haber dado la plataforma, es poder compartir “una breve ráfaga de información intrascendente”, como el tweet (piar) de un pájaro. Con el lema de “¿Qué está pasando?”, o también “de qué está hablando la gente”, presenta una declaración de principios muy clara, que la distinguió en su momento de otras redes sociales: se podía dejar una breve exposición de qué ocurría en la vida de uno o qué ideas tenía en mente. Sin duda, este seguirá siendo su principal atractivo, y esos límites le dan esa gracia de lo inmediato. La gente comenzaba a meterse no solo en la mente del vecino, sino en una mentalidad colectiva que –lamentablemente, y hay que decirlo– también nos demostraba un nivel de confrontación muy alto.

En la lista de los siete pecados capitales actualizados, de Spencer Greenberg, a Twitter le corresponde la ira. A mi modo de ver, esto es explicado por McLuhan: “Ese es el mensaje de la información eléctrica. Es instantánea, y no posee cuerpo. Se es como un ángel, una inteligencia descorporizada”. En los medios electrónicos, además, “cada uno de nosotros está irrevocablemente envuelto en la vida de los demás, y es responsable de ellos”. La académica de tecnología y los medios sociales, danah boyd (ella lo escribe con minúsculas), al analizar que el contenido de los tuits en mayor cantidad es lo que se llama “balbuceos inútiles”, considera que se trata de comunicación fática; es decir, aquella que sirve simplemente para entablar conexiones (como cuando el perro mueve la cola o el humano dice ‘hola’). Los usuarios quieren saber qué piensan, hacen y sienten las personas que los rodean, incluso cuando la copresencia no es viable.

Entonces, el anonimato de los medios electrónicos, sumado a la sensación de conexión que brindan, prácticamente con todos y cada uno de los seres humanos, hace que los tuiteros se sientan responsables del mundo entero. Por esto, no solo que no les preocupa tanto presentar una buena imagen de ellos mismos, sino que incluso pueden mostrar su lado más feo siendo agresivos e irrespetuosos, todo en aras de lo que ellos consideran que es el bien común. Es verdad, muchas personas tuitean noticias o traspasan contenido de valor a través de retuiteos. Pero hay que ver las respuestas que reciben, con violencia verbal inusitada en repetidas ocasiones.

Sin embargo, Twitter tiene por esto mismo un poder muy grande. Se habla, por ejemplo, de muchas manifestaciones populares (como las que se enmarcan en la llamada primavera árabe) que no solo fueron convocadas por esta red social, sino que tomaron fuerza gracias a ella. Tal es la importancia de este medio electrónico, que las palabras tuitear, tuiteo, tuit y tuitero entraron en el diccionario de la Real Academia Española en 2014. Todo esto refleja precisamente que el lema “¿Qué está pasando?” en verdad cala en los usuarios y se consideran a ellos mismos artífices de un cambio social a través de 140 caracteres.

Claro está que no deja de ser una red donde se produce lo que llamamos acicalamiento social; o sea, esa actividad que usamos no únicamente para mantener limpio y ordenado el organismo del otro (como los monos que quitan parásitos de sus congéneres), sino sobre todo para fortalecer nuestros lazos. Los “Me gusta”, retuiteos y comentarios funcionan, como en la mayoría de medios sociales, como formas de demostrar aprecio, ese aprecio por el cual los seres humanos vivimos y muchas veces nos desvivimos. Los famosos, los Twitstars, inician así, igual que los blogueros o yutuberos más conocidos, y terminan siendo las celebridades del mundo actual. De la búsqueda de acicalamiento social, pasan a ser influencers, que sienten una presión por mantener a los followers al día y emitir comentarios sagaces y oportunos.

Sea cual sea nuestro lugar en Twitter (seguidores o seguidos), debemos ajustar lo que brindamos y lo que recibimos en esta red social. Estamos obligados a considerar al otro, su buen nombre, respetar su honra. Asimismo, debemos procurar no sentirnos agredidos ante los comentarios virulentos de los demás, pues terminaríamos muy heridos. Esta red social es la selva, pero también podemos ser Tarzán. O Chita. Es posible navegar en ella y quedarnos con lo que nos sirva, desechando la basura emocional que se riega en el entorno como forma de acicalamiento social o búsqueda de aprobación. Buscar brindar amor, y no ira.

Encontremos un espacio de diálogo, escuchando activamente, en Twitter.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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