Creatividad: la llave maestra

A veces, los dramas vitales nos tiran al suelo, y es lógico sentir que no hay otra salida que la derrota. Hemos de tomar ese drama y transformarlo en un trampolín hacia la eternidad. Debemos pensar nuevas alternativas para encajar esos obstáculos con el propósito que les hemos dado a nuestros actos. Esto no solo nos hará sentir productivos, sino que encontraremos felicidad en el proceso.

La historia de la cantata BWV 25, Es ist nichts Gesundes an meinem Leibe (No hay nada sano en mi cuerpo), de Johann Sebastian Bach es muy interesante. Corría 1723, y su autor había sido nombrado Thomaskantor en Leipzig, un importante cargo para un músico de su época y que comprendía algunas funciones, entre las cuales estaba dotar de música para la liturgia dominical y distintas fiestas religiosas a las principales iglesias de la ciudad. Bach acometería esta función creando ciclos de cantatas anuales, desde el primer domingo después de Trinidad hasta la festividad de Trinidad del siguiente año. La cantata que nos ocupa pertenece al primer ciclo compuesto en Leipzig.

Johann Sebastian Bach, creatividad y fe

En general, el compositor alemán tomaba himnos luteranos como base para sus cantatas, pero esta vez parece que había puesto música a unos versos de Johann Jacob Rambach, para la cantata que correspondía al 14o. domingo después de Trinidad. Estos versos relacionan la lepra con el pecado, la enfermedad del cuerpo y la del alma, lo cual calzaba con la lectura de ese domingo, el relato de Lucas de la curación de los leprosos. Y con lo que Johann Sebastián sentía.

Bach conoció muy de cerca el dolor de la enfermedad y la muerte. A los 10 años había perdido a sus padres, y antes de llegar a Leipzig su esposa María Bárbara falleció por causas desconocidas. Con ella había tenido siete hijos, tres de los cuales no sobrevivieron al primer año. Luego de la muerte de María Bárbara, y apenas 3 años antes de ser nombrado Thomaskantor empezaba una nueva vida con su amada y talentosa Ana Magdalena, con quien tendría trece hijos, de los cuales apenas la mitad sobrevivieron, y uno fue calificado de “débil mental”. Sin embargo, el compositor no se paralizó con el dolor por sus seres queridos, los transformó en maravillosa música, más allá del tiempo. Como buen cristiano, volvió arte ese dolor como una ofrenda a Dios.

Rollo May consideraba la creatividad como la muestra de una mayor madurez, pues su valor nos impulsa a salir de la caja, del mapa, y movernos a dar respuestas nuevas a nuevos retos. La obligación de Bach era brindar una cantata que responda a la liturgia de cada fiesta religiosa, y él buscó un texto que -además- sea una válvula de escape ante la pérdida de quienes amaba. Lo hizo llevando ese sufrimiento a un nivel superior, dándole sentido trascendente a través de la creación de arte eterno. Una forma de oración.

Si Johann Sebastian se hubiera quedado en la conformidad de lo que le tocaba, quizás ni siquiera podríamos disfrutar de sus magistrales obras, encasillado como un pobre huérfano. O hubiera dejado de producir ante la muerte de sus hijos o la partida de su mujer. En cambio, canta con el poeta a su Señor “que de mis heridas y lamentos cariñosamente me libró”. Convierte las pruebas de la vida en un legado para la posteridad a través de la creatividad, que es la llave que abre todas esas puertas aparentemente cerradas.

La creatividad no es patrimonio exclusivo de los artistas, sino que debe ser una herramienta que sepamos manejar todos. Con el Creador, podemos generar belleza a través de la creatividad que Él nos participa cuando encontramos soluciones elegantes a los retos que nos tocan. Con amor, respondemos a las dificultades poniendo a trabajar lo más alto de nuestros dones con el objeto de tender puentes hacia la verdad, hacia lo que es mejor para todos.

Como Johann Sebastian Bach, creando música perdurable contra el desánimo.

Publicado por pfreilem

Mi vocación por el estudio de la afectividad y la mente humana, y de cómo estas se integran con la fisiología y la espiritualidad, surge del propósito vital de hacer de este un mundo mejor, de persona en persona. Estoy convencido de que a través de la búsqueda del conocimiento de uno mismo y la comprensión de la realidad, podemos generar cambios no solo en nuestra individualidad, sino en los distintos espacios colectivos que habitamos. Psicólogo licenciado por la Universidad Técnica Particular de Loja, he realizado Diplomados en Psicología Cristiana y Antropología Cristiana por la Universidad FASTA (Mar del Plata, Argentina) y he participado en el Curso de Estilos de Pensamiento con el Dr. Robert Sternberg, (Boston, Estados Unidos de América) y el Seminario Psicología & Persona Humana (Lima, Perú). He efectuado prácticas en diversas instituciones empresariales y educativas. He actuado como facilitador de intervenciones apreciativas para el cambio profundo en las organizaciones. Poseo una amplia experiencia en charlas de formación, consejería y en consulta privada, gracias a la cual he podido responder a un llamado personal de incidir en la paz social a través del encuentro con la paz interior.

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